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Seguimos camino al caos

Esta NOTICIA fue originalmente compartida en SUTESUAEM Noticias

Fuente: Alertas de Google Real Academia Española

Durante estos últimos cientos de miles de años, los grupos humanos en el proceso evolutivo comprendieron que la única manera de garantizar la supervivencia de la especie se fundamentaba en la relación de sociedad y en las responsabilidades que esta relación exigía de manera conjunta e individual.

Se necesitaba de una organización que el diccionario de la Real Academia Española (RAE) define como una ‘asociación de personas reguladas por un conjunto de normas en función de determinados fines’. Es decir, y ante todo, para los grupos humanos de hace cientos de años –sin esbozar filosóficamente esta definición de la RAE– era claro y perfectamente entendible que la fuerza conductual compartida formaba una defensa sólida frente a las amenazas externas: sean estas de otros seres vivientes que compartían espacio sobre la tierra, las condiciones cambiantes de las regiones geográficas y del ambiente climático, las amenazas biológicas, e incluso, su propia condición de ignorante ante muchos de los hechos.

La supervivencia era lo fundamental y tomó varios cientos de años entender este principio; pero una vez diseñado y puesto en práctica, llevó al desarrollo sostenido de los grupos humanos que hoy habitamos esta Tierra. Eso no es todo, el trabajo organizativo en todos los campos del saber (las ciencias, la cultura, la ingeniería, las ciencias humanas, etc.) ha posibilitado extender considerablemente las expectativas de vida del ser humano y ha permitido subyugar las condiciones amenazantes del entorno que nos acechaba.

Durante estos miles de años la conducta del hombre, por su naturaleza inquisitiva, ha experimentado sentimientos de emancipación de las normas y deberes sociales que las organizaciones suelen imponer para preservar su conjunción. Estas efervescencias momentáneas (si las enmarcamos en los millones y millones de años de existencia del universo) desarrollaron en un sin número de explosiones sociales, políticas e incluso culturales, que a la postre –invariablemente– se convirtieron en otras formas y sistemas organizativos para de igual forma mantener cierto orden y control sobre el entorno.

Pero existen los que promulgan la anarquía que la RAE define como: ‘ausencia de poder público’. Freedom Press señala que el término no se debe utilizar para definir caos social: ‘los anarquistas abogan por la anarquía en el sentido de que nadie sea el jefe de nadie’. Señalan que ‘la organización es saludable, siempre y cuando la gente haga lo que quiere, y no sea forzada por otras organizaciones a hacer algo que no desean hacer’. Nótese que aún incluye el concepto de organización y determinan que la anarquía involucra un sentido de responsabilidad social cuando señala que ‘el anarquismo proviene de la convicción de que el propósito de la sociedad es incrementar las oportunidades individuales’, sin afectar la condición individual de otros. Esas oportunidades individuales también abren espacio para que el desarrollo personal redunde en beneficio de la sociedad en su conjunto.

Tanto las organizaciones como los anarquistas limitan los efectos y la expansión de sus responsabilidades y su conducta. Unos establecen consecuencias puntuales si los reglamentos y las leyes son violados. Los otros solo desean hacer lo propio sin restricciones impuestas y sin violar la paz.

La primera versión de este escrito: ‘¿Organización, anarquía o caos social?’ se publicó hace diez años, en tiempos de Martín Torrijos, cuando entre otras cosas decía que: si los medios siguen difundiendo su programación de violencia y lujuria; el sistema judicial despertaba sospechas, el órgano legislativo no asumía la responsabilidad de su pésima reputación para promover correctivos; los malhechores se burlan de la población y las autoridades, violan las leyes, se hacen ricos con el dinero de todos y los maleantes de la calle trafican con el terror y la muerte, no es anarquía. Estamos experimentando claras expresiones de un caos social que amenaza con destruir los cientos de años de desarrollo social que ha constituido la identidad de la Nación.

Debiéramos estar encaminados a un estado superior de desarrollo, pero en diez años la situación ha empeorado y todo parece indicar que estamos en ruta opuesta: camino al caos. Las condiciones actuales hastían, muy a pesar de los optimistas. Y si nuestro sistema organizativo no inicia un proceso serio que involucre reformas inmediatas para revertir la reinante corrupción organizada en todo el sistema y estructura social y organizativa, más temprano que tarde, revertiremos a los tiempos de los primates.

COMUNICADOR SOCIAL.