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Día Internacional de la Mujer 2011.

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Compartiendo con nuestras socias y socios de la tercera edad de Molino Abajo, Temoaya, Estado de México.

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Día de la Niñez 2011 con nuestras socias y socios de San Lorenzo Tepaltitlán, Toluca, Estado de México.

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“Yo Me Declaro Defensor” de los Defensores de Derechos Humanos

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Entrega de Reconocimiento al Lic. Enrique Peña Nieto por su apoyo como gobernador a los grupos vulnerables de nuestra Asociación.

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Thelma Dorantes Autora y Actriz principal de la obra de Teatro

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Premio Nacional del Trabajo 2012.

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La dura infancia del pingüino emperador

Esta Noticia fue originalmente compartida en SutesUaem Prensa Educativa

Fuente: National Geographic

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Los polluelos de pingüino emperador nacen en uno de los lugares más inhóspitos de la Tierra: el mundo helado de la Antártida. La infancia en este entorno es dura, y el aprendizaje, corto, pues tras solamente unos cinco meses, los que fueran unos padres ejemplares y cariñosos, abandonan a sus crías a su propia suerte.

Así lo que revela una nueva investigación realizada por el Instituto Oceanográfico Woods HoleWHOI por sus siglas en ingles- en el artículo titulado Maiden journey of fledgling emperor penguins from the Mawson Coast, East Antarctica que se publica recientemente en la revista especializada Ecology Progress Series.

De este modo, el equipo liderado por Sara Labrousse, investigadora postdoctoral en el WHOI y autora principal del estudio, revela los comportamientos previamente desconocidos de los pingüinos emperadores juveniles en sus críticos primeros meses, cuando abandonan la colonia en que nacieron, y aprenden consecutivamente a nadar, bucear y encontrar comida. “Este estudio proporciona información sobre una parte importante, pero mal entendida, de su ciclo de vida, que es esencial para poder predecir mejor la respuesta de la especie al cambio climático futuro”, reflexiona Labrousse.

En dicho estudio, 15 pingüinos juveniles fueron marcados antes de que abandonaran su colonia en Terre Adélie sobre el mes de diciembre, cuando dicho ecosistema, generalmente, comienza a calentarse y el hielo comienza a romperse, dando lugar a aguas abiertas, en las inmediaciones de la colonia.

Así, los investigadores colocaron rastreadores en las espaldas de los pollos sanos que tenían las mejores posibilidades de supervivencia. Estos registraron los movimientos de los pingüinos y transmitieron datos de ubicación y buceo por satélite. En total se registraron más de 62.000 inmersiones, revelando que los pingüinos juveniles se movieron inicialmente hacia el norte para alcanzar áreas de aguas abiertas y aguas más cálidas. “Este es el momento en que esencialmente están aprendiendo a nadar”, dice Labrousse. ” No es algo que sus padres les enseñen. Cuando entran al agua por primera vez, son muy torpes e inseguros de sí mismos. No son los nadadores rápidos y elegantes en los que los más afortunados se convertirán”, añade.

“¡Resulta que pasan la mayor parte del invierno buceando bajo el hielo marino!”

Los rastreadores también mostraron que una vez que los pingüinos emperadores juveniles adquirieron más experiencia en el buceo, se dirigieron al sur y entraron en la zona de hielo marino, donde pasaron los meses de invierno haciendo inmersiones más profundas bajo este. “Esto fue algo que nos sorprendió, porque antes no sabíamos cuánto tiempo se quedaban en el hielo”, continúa la investigadora. “Resulta que pasan la mayor parte del invierno buceando bajo el hielo marino”.

Buceando entre dos aguas

La investigación también destaca la conexión única entre los comportamientos de buceo juvenil y una capa del océano conocida como termoclina, donde las aguas superficiales más cálidas se encuentran con las aguas más frías y profundas, y sus presas probablemente se juntan en grupos.

En la Antártida la termoclina comienza a profundizar en otoño, y los científicos relacionan profundidad de la inmersión de los animales con la profundidad de la termoclina. lo que a su vez tiene relación con el cambio estacional en la distribución del krill y otras de sus presas. “La inmersión más profunda registrada fue de 264 metros” apunta Labrosouse en este sentido. “El siguiente paso en esta investigación sería registrar la muerte de juveniles en el mar”, dice la investigadora. “Eso nos daría datos sobre sus tasas de supervivencia, que no tenemos para este estudio”.

La vida de emperador

Los pingüinos emperador son las especies más grandes de pingüinos, pero son particularmente vulnerables al cambio climático porque sus ciclos de vida dependen mucho del hielo marino. Su ciclo de reproducción comienza en marzo -otoño en la Antártida- cuando el hielo marino es lo suficientemente espeso como para sostener a su colonia.

Después de poner un solo huevo, las hembras dejan la colonia para atrapar peces y engordar para poder alimentar a sus polluelos. Los machos se quedan atrás en incuban el huevo bajo el calor y protección de sus pies. “Muy poco hielo marino durante este tiempo puede reducir la disponibilidad de criaderos y presas; demasiado hielo marino significa viajes de caza más largos para los adultos, lo que a su vez significa tasas de alimentación más bajas para los pollitos”, explica Labrousse.

Los pingüinos emperador son particularmente vulnerables al cambio climático porque dependen mucho del hielo marino

“Los jóvenes permanecen en el mar durante cinco o seis años antes de regresar a la colonia para aparearse“, explica por su parte Stephanie Jenouvrier, bióloga del WHOI y coautora del estudio. “Necesitamos entender mejor la dinámica de lo que sucede durante el tiempo en que los jóvenes están lejos de la colonia. Comprender cómo responden los pingüinos a los cambios en términos de crianza y otras etapas de su vida, es clave para predecir las respuestas de las poblaciónes y su capacidad de adaptarse a los cambios climáticos que se avecinan.

La máquina de Schickard, la primera calculadora

Esta Noticia fue originalmente compartida en SutesUaem Prensa Educativa

Fuente: National Geographic

https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2019/02/12/01-replica-primera-maquina-calculadora-schickard_1184a759_1280x1114.jpg

El primer dispositivo mecánico dedicado al cálculo surgió a raíz del trabajo tedioso y rutinario que realizaban los astrónomos mientras rellenaban tablas interminables con las posiciones de los diferentes cuerpos celestes. Quienes se dedicaban a estas tareas ya estaban familiarizados con el uso de diversos instrumentos, como el astrolabio, empleado para la determinación de la longitud y la latitud de los astros, así como de la hora, entre otros usos. Para facilitar la realización de las operaciones que se llevaban a cabo manualmente también existían los ábacos y los “huesos de Napier”, un dispositivo creado por el matemático escocés John Napier a principios del siglo XVII. Pero todos exigían un dominio elemental del cálculo y una intervención continua de la persona que lo manejaba. Ninguno disponía de un mecanismo autónomo para resolver operaciones aritméticas.

Fue en 1623 cuando Wilhelm Schickard (1592-1635), un profesor de Lengua Hebrea y posteriormente de Astronomía en la Universidad de Tubinga (Alemania), propuso por primera vez ese mecanismo. Schickard era también un experimentado mecánico y grabador, destrezas que le permitieron idear el llamado reloj calculador, o Rechenuhr. Su diseño se conoció tan sólo en el siglo XX, cuando apareció casualmente, en la correspondencia del conocido astrónomo Johannes Kepler, un dibujo empleado por éste como separador en sus Tablas Rudolfinas (1627), su nuevo catálogo estelar. A partir de este esquema se ha intentado reconstruir y explicar el diseño y el funcionamiento de la propuesta de Schickard.

El diseño de la calculadora de Sickard se encontró en un dibujo entre la correspondencia de Johannes Kepler

Schickard y Kepler tenían intereses comunes, sobre todo los relativos a las técnicas de cálculo. Parece que éste fue uno de los temas de conversación cuando coincidieron en Alemania. Al separarse, Schickard se centró en el diseño de su reloj calculadora. En 1623 escribió entusiasmado una carta a Kepler en la que le decía: “Lo que has hecho por medio del cálculo yo lo he intentado por medio de la mecánica. He concebido una máquina consistente en una serie de once ruedas dentadas completas y seis incompletas. Realiza cálculos instantánea y automáticamente a partir de los números provistos, pudiendo sumar, restar, multiplicar y dividir”. En 1624, Schickard informaba de nuevo al astrónomo sobre los detalles de su invento y le enviaba algunos dibujos, de los que sólo se ha localizado el ya citado.

Ruedas y engranajes

Según esos apuntes, el reloj calculadora estaba compuesta de dos partes. En la parte superior, mediante unas varillas que se movían horizontalmente, se reproducía el sistema de Napier para resolver las multiplicaciones, divisiones y raíces. En la parte inferior se alojaba el procedimiento ya completamente mecanizado por el que se solucionaban las cadenas de sumas y restas que se iban generando. Hay que tener en cuenta que con el método de Napier, si se multiplicaba un número por otro que contuviera tres cifras, se obtenían, una vez elegidas las varillas y leído los resultados, tres números cuya suma había que realizar por los procedimientos normales, sin ayuda. Esto es precisamente lo que el modelo de Schickard resolvía mecánicamente.

Básicamente, este procedimiento permitía disponer de un sistema para registrar “lo que se lleva” al realizar una suma. Usando diferentes ruedas y engranajes, cuando, por ejemplo, se sumaba 7 y 8, el resultado, que es 5 y 10, debía reflejarse con un 5 en la primera unidad y un 1 en la segunda unidad.

Así, cuando la primera rueda dentada daba una vuelta completa, pasaba de 0, 1, 2… a 0, la segunda (correspondiente a las decenas) daba un paso y se movía sólo un diente. El proceso se complicaba cuando se pasaba a las centenas, después a las unidades de millar, etc.

Según la correspondencia, Schickard construyó un modelo de prueba, pero éste se debió de perder en un incendio. Su apariencia sólo se ha conocido por una réplica llevada a cabo en 1960. Hasta 1642, cuando el filósofo y matemático Blaise Pascal diseñó y supervisó la elaboración de su “pascalina”, no se realizó la primera máquina de cálculo cuyo original se ha conservado. Aunque se crearon varios prototipos, no pasó de la fase de ensayo y autopromoción, pues el dispositivo sufría disfuncionalidades que la hacían inviable en la práctica. Estos intentos no fueron inútiles, sino contribuciones esenciales a las innovaciones tecnológicas. Con todo, hubo que esperar a 1851 para que Thomas de Colmar creara la primera calculadora con un uso práctico y diario.

El mamut, rey de los animales en la Edad de Hielo

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Fuente: National Geographic

https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2019/02/11/01-02-mamut-lanudo-animal-edad-hielo_ada484a8_1280x849.jpg

Para algunos eran las “bestias de las nieves”, que infundían pavor cuando salían en estampida. Para otros, gigantes que garantizaron la supervivencia humana. Y hay quien sueña con “resucitarlos”. Son los mamuts, los grandes elefantes lanudos que convivieron con diferentes especies de humanos hasta desaparecer hace apenas 3.800 años.

Estos enormes herbívoros de origen africano colonizaron el continente euroasiático durante casi cuatro millones de años. Sus antepasados eran los elefantes, que se adaptaron al frío de la Edad de Hielo como hicieron más tarde los humanos primitivos con los que convivieron, también originarios de África. La antigua relación entre unos y otros queda patente en los restos fosilizados de un cementerio de mamuts en Orce (Granada) excavado por el paleontólogo Bienvenido Martínez-Navarro. Se sabe que aquellos paquidermos iban a morir allí, lo que al parecer aprovecharon los homínidos hace 1,4 millones de años para conseguir su carne, como sus antepasados ya habían hecho en África con los elefantes. Dadas sus dimensiones –podían pesar ocho toneladas y medir más de cinco metros de alto–, su caza debía de ser complicada, por lo que los humanos aprovecharían la carne de ejemplares muertos, o bien de crías o de individuos débiles o enfermos.

Cementerios de mamuts

En el Paleolítico Medio, los mamuts se habrían convertido en un recurso gastronómico habitual para preneandertales y neandertales. Así lo demuestran yacimientos como los situados en los cursos medio y bajo de los ríos Manzanares y Jarama y en las cercanías de Torralba y Ambrona (Soria). En Madrid, el cerro de San Isidro acogía tal acumulación de
huesos que en el siglo XIX se pensó que pertenecían a los elefantes con los que Aníbal cruzó los Alpes.

La relación entre homínidos y paquidermos fue tan profunda que algunos investigadores hablan de “etno-elefantología”. Joaquín Panera, arqueólogo del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana y codirector en los yacimientos de Torralba y Ambrona, apunta que los proboscídeos tienen conciencia de sí mismos y una gran memoria, elaboran complejos mapas mentales y controlan el territorio. Así, por ejemplo, pueden encontrar agua cuando hay sequía, de manera que es muy probable que los humanos supieran que seguirles les llevaría a lugares interesantes en regiones que desconocían.

Pese a esta aparente alianza, los humanos practicaron la caza del mamut para aprovechar su carne. En Getafe, cerca de Madrid, se han localizado los restos de un banquete neandertal de hace 84.000 años: 82 fósiles de mamut y 754 herramientas con las que trocearon su carne y machacaron los huesos en busca de la médula. Los neandertales fueron grandes consumidores de carne de mamut y rinoceronte lanudo, que llegó a suponer el 80 por ciento de su dieta. En Siberia se halló una punta de lanza musteriense (de hace unos 40.000 años) clavada en una vértebra de mamut, y restos fósiles con heridas mortales, prueba evidente de su caza. No se conocen con certeza las estrategias de caza que se empleaban.

Hace unos años, en la isla de Jersey (hoy frente a la costa de Normandía, pero unida al continente durante el Paleolítico) apareció una gran acumulación de huesos de mamut, lo que hizo pensar que los humanos los acosaban hasta lograr que se despeñasen por un precipicio. Esta tesis se ha repetido hasta la saciedad, pero nuevos estudios indican que tal vez dicha acumulación sea natural. Con la llegada del Homo sapiens, la caza del mamut se extendió, pero tampoco hay evidencias suficientes sobre las técnicas de caza.

El declive del mamut comenzó hace unos 21.000 años. Su baja tasa de reproducción no favorecía su supervivencia –el período de gestación alcanzaba los 22 meses– y su desaparición definitiva pudo estar provocada por la caza, el aumento de las temperaturas o alguna enfermedad o mutación; o quizá por una mezcla de todo ello.

Adornos y pinturas

La imagen del mamut ha quedado inmortalizada en numerosas obras de arte que muestran su conexión con los humanos. Se conservan muchas figurillas y adornos elaborados con su marfil –como la talla del Hombre-León de Ulm, de hace 40.000 años–, así como múltiples representaciones parietales, como las de la cueva francesa de Rouffignac, con más de cien mamuts pintados, y, en el Cantábrico, las cuevas de El Pindal o El Castillo. Sus grandes huesos también se utilizaron para construir cabañas durante el Paleolítico Superior, como las halladas en Rusia, Ucrania y Polonia.

En los últimos años, el hallazgo en la tundra siberiana de ADN de mamut bien conservado ha dado pie a hablar de una posible clonación de estos animales mediante técnicas que usan genes de elefante asiático. Pero, de momento, la resurrección de estos gigantes sigue siendo una quimera.

La Costa Dálmata

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Fuente: National Geographic

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Nuestro particular viaje por mar empieza en uno de los puertos más antiguos y emblemáticos del Adriático, el de Stara Luka, que desde hace siglos custodia las murallas de la inexpugnable, impresionante y altiva Dubrovnik. Durante los siglos XV y XVI esta ciudad –antigua República de Ragusa– plantaba cara a la todopoderosa República de Venecia y competía con ella por el control marítimo en la zona. Fue la época dorada en que Dubrovnik presumía de poseer una de las flotas navieras más importantes de Europa y de disponer de Consulados de Mar en más de 40 puertos del Mediterráneo, entre ellos Barcelona, Valencia y Palma de Mallorca.

Basta con atravesar una de las puertas de acceso al casco antiguo fortificado para intuir aquel esplendor del pasado: hay palacios góticos, renacentistas y barrocos, iglesias precedidas de escalinatas y columnas, pavimento blanco, fuentes públicas esculpidas y un monasterio franciscano cuya farmacia funciona desde 1317. En él se elaboran aceites, pomadas y ungüentos a partir de recetas que se remontan al siglo XIV, como la crema hidratante de rosas.

El centro de Dubrovnik es hoy un museo al aire libre, desde el puerto viejo y la calle central (Placa o Stradun) hasta las murallas, que pueden recorrerse por lo alto. Se llena de visitantes por la mañana y pierde toda la actividad de noche cuando se marcha el último crucero. Es la oportunidad que esperan los que viajan en su propio barco para pasear en solitario hasta la plaza Luza y después sentarse junto a la fuente circular de Onofrio.

Una ruta junto al Adriático

Tras una noche amarrados en el puerto viejo, el primer día de navegación nos lleva a Korcula, que sí perteneció a la República de Venecia. Dicen los habitantes de esta isla que el intrépido Marco Polo nació aquí en 1254. Mientras se espera a que los estudios arrojen una luz más clara sobre el origen del mercader, la isla se ha llenado de referencias a su persona: desde la supuesta casa familiar y una exposición sobre su vida, hasta un vino que lleva el nombre de Marco Polo.

Korcula no necesita tener como conciudadano al mítico viajero para considerarse un enclave imprescindible. Son méritos propios su típica estructura dálmata –erigida sobre una península fortificada– y toda una miríada de palacios e iglesias que se apiñan abrazados por compactos muros de piedra. Korcula deslumbra de puertas afuera, pero sus interiores también guardan detalles que dejan boquiabierto. La catedral de San Marco, por ejemplo, cuya bóveda se construyó en forma de casco de barco en honor a los pescadores locales, contiene una obra maestra de Jacopo Tintoretto.

Un rasgo distintivo de Korcula es la moreska, un baile de espadas que se representa desde hace más de 400 años

Al circunnavegar la isla de Korcula se descubre un paisaje de playas pétreas e interiores tapizados por viñedos de una variedad que solo existe aquí, el grk. La uva autóctona crece en las inmediaciones de Lumbarda desde hace milenios y con ella se elabora un vino blanco muy apreciado en todo el país. El otro distintivo de Korcula es la moreska, un baile de espadas que se representa desde hace más de 400 años. ¿Sus raíces? Las danzas de moros y cristianos que en época medieval se representaban en diversos puntos del Mediterráneo y que en territorio croata solo se perpetuaron en esta remota isla.

La mañana siguiente el viento del norte no da tregua –el terrible bora adriático– y tras bregar con velas, cabos y jarcias, llegamos a Hvar, esa isla que en todas partes se empeñan en describir como hedonista. Sospechamos que el motivo de tal adjetivo tiene que ver con los despampanantes yates amarrados en el puerto. Y es que desde hace unos años las celebridades de la cultura y la política europea han encontrado en este rincón de arquitectura gótica una alternativa más discreta a la famosa Costa Azul francesa. Pero a pesar de la presencia de la gente guapa y a su animada vida nocturna, Hvar –se pronuncia “juár”– no es de ningún modo un lugar exclusivo. Más allá de los bares chill out, los cócteles de diseño y los barcos recreativos, se trata de una isla tranquila y rural que cada verano se tiñe con el dulce tono violeta de la lavanda, el cultivo tradicional.

El casco histórico de Hvar

La capital de Hvar es una coqueta localidad medieval con palacios de ventanas ojivales, calles pavimentadas de blanco y una fortaleza veneciana que lo vigila todo desde las alturas. Igual que sucedía en Korcula, también en Hvar conviene curiosear puertas adentro para descubrir rincones extraordinarios, entre ellos el primer teatro público de Europa, una joya del barroco que se inauguró en 1612. En aquel entonces, sus habitantes fundaron la Hygienic Society of Hvar, entre cuyas misiones se contaban la promoción y el desarrollo del turismo. Parece que no les fue mal.

Nuestro periplo marinero continúa navegando junto a los ferris que desde Stari Grad –el municipio más antiguo de Hvar– parten rumbo a la costa continental. Al cabo de unas pocas millas náuticas aparece el perfil de la isla de Brac, la más extensa del país y la que posee la playa más famosa: Zlatni Rat. También conocida como Cuerno de Oro por su forma, esta playa es una excepción en la costa dálmata, que en realidad carece de grandes arenales y donde las pequeñas calas pedregosas compensan con su recoleta belleza la incomodidad de extender la toalla sobre duro.

A la isla de Brac se viaja por su célebre playa y por sus calas, pero también por sus delicias culinarias. Aseguran los isleños que los corderos de Brac son los mejores del Mar Adriático y de ellos lo aprovechan todo: la carne, la leche y también las vísceras, con las que elaboran el tradicional vitalac, una especie de pincho de hígado, pulmón y corazón asado a la brasa. La bebida típica, la smutica, es leche de cordero mezclada con vino tinto, un brebaje que al parecer el médico griego Hipócrates recomendaba para ciertas dolencias.

A primera hora de la siguiente mañana ponemos rumbo a toda vela hacia la bella Split. Hoy es una ciudad moderna con casi medio millón de habitantes, pero hubo un tiempo en que el espacio intramuros lo ocupaba el palacio del emperador romano Diocleciano. Fue erigido en el año 300 como colosal villa privada del augusto soberano en el lugar que él escogió para su jubilación, tras haber protagonizado la más sanguinaria persecución contra los cristianos que la historia recuerda. Ya en época medieval, caídos los poderes del Imperio romano y aprovechando las estructuras arquitectónicas existentes, una nueva Split se encajó como un termitero en lo que había sido el recinto palatino.

El Palacio de Diocleciano fue erigido en el año 300 como colosal villa privada del augusto soberano en el lugar que él escogió para su jubilación

Lejos de ser un enclave arqueológico, el Palacio de Diocleciano constituye ahora el hogar de unas 3.500 personas, que han incorporado a su rutina el hecho de vivir entre columnas romanas. El Peristilo se ha convertido en el corazón de la vida cultural de Split, una plaza donde siempre hay animación y música en directo. No muy lejos de allí se levanta la catedral de San Dominus que custodió los huesos del emperador hasta que un saqueo en el siglo XVI acabó con ellos en algún lugar desconocido.

De la villa diocleciana se conservan las cuatro puertas por las que se accedía y aún se accede al cuadrilátero formado por la residencia imperial. No son especialmente majestuosas pero al franquearlas uno cambia de época radicalmente. La Puerta Sur, a la que llegamos a través de las antiguas bodegas subterráneas, devuelve a la Riva, el moderno paseo marítimo de Split. Allí, tras las palmeras y las terrazas de los restaurantes, sobresalen los mástiles de todos esos veleros –entre ellos, el nuestro– que esperan meciéndose impacientes por volver a mar abierto.

Joyas marinas de Zadar

Antes de darnos cuenta ya nos estamos alejando de Split y de ese sueño monumental que Diocleciano plantó sobre las mismísimas aguas del Adriático. Después de un fondeo a medio camino para nadar, hacer un poco de snorkel y picar algunos quesos adquiridos en el mercado, la puesta de sol nos sorprende llegando a las hermosas islas de Zadar. Este denso archipiélago, el mayor del Adriático, conforma un paisaje laberíntico que hace las delicias de los navegantes. La zona de mayor valor natural está protegida por dos reservas: el Parque Nacional de las islas Kornati y el Parque Natural de Telascica, que abarca la bahía y la laguna de la isla Dugi (“larga”).

Las Kornati son islas peladas, atardeceres de color miel y recovecos perfectos para fondear. El plato fuerte de este archipiélago está bajo la superficie del mar. Sus fondos son uno de los mejores puntos en el Adriático para realizar inmersiones por su gran biodiversidad marina. Se han contado hasta 353 variedades de algas, 61 tipos de coral, 177 de moluscos y 185 especies de peces. Ademá, es hábitat permanente de delfines y tortugas marinas. Fuera del agua toca relajarse y disfrutar del buen comer. Si Korcula tenía el vino y Brac los corderos, las islitas de Kornati presumen de aportar sus propios productos mediterráneos a la lista de delicias croatas: en este caso miel, aceite de oliva e higos secos.

Nuestro viaje marinero toca su fin en el puerto de Zadar, la antigua Diodora bizantina que los venecianos rebautizaron como Zara. Contemplamos el perfil prerrománico de la iglesia de San Donato (siglo IX) y su campanario exento antes de despedirnos del Mediterráneo y poner rumbo hacia el montañoso interior. Algo más de 100 kilómetros separan Zadar de otro enclave donde el agua también impone su mandato: el Parque Nacional de los Lagos Plitvice. Declarado Patrimonio de la Humanidad, a su magia contribuyen 96 cascadas y 16 lagunas color turquesa unidas por una red de pasarelas de madera.

La entrada 1 del parque da acceso directo a la Gran Cascada y a los lagos Inferiores. Tras una mañana de andar poco y parar mucho para hacer fotos, nos encaminamos a la sección superior de Plitvice, que es más salvaje y más íntima. El hayedo que abraza esta zona es hogar de una variada fauna que se vio muy afectada por la guerra que entre 1991 y 1995 acabó con la antigua Yugoslavia. Muchas especies tuvieron que ser reintroducidas y actualmente, entre las 259 especies catalogadas, cuatro están altamente amenazadas y cuentan con una protección especial: el lince, el lobo gris, la nutria y el oso pardo.

Tras una caminata entre la sorprendente gama de verdes de Plitvice, nuestra última noche en Croacia transcurrirá saboreando un buen vino de Korcula mientras la brisa mece las hojas de los árboles de este paraíso natural.

16 de febrero, día mundial del pangolín

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Fuente: National Geographic

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El pangolín está en el punto de mira de las entidades ecologistas de todo el mundo, que alertan de la fragilidad del estado de conservación de este pequeño mamífero, fácilmente reconocible por su armadura llena de escamas. Las ocho especies existentes están amenazadas, y de estas, dos han sido catalogadas en la categoría de “en peligro crítico” por la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN).

Esta frágil situación lo convierte en el mamífero más afectado por el tráfico de especies, especialmente en Asia. En países como China o Vietnam, su carne es considerada un manjar y sus escamas son utilizadas como ingrediente de medicina tradicional para el tratamiento de remedios como el asma, el reumatismo o la artritis.

“Sabemos que entre 2010 y 2015 las incautaciones se han incrementado en número y en cantidad, con una media 20 toneladas anuales”, afirma Luis Suárez, responsable de Biodiversidad Terrestre de WWF España. Sin embargo, eso solo podría ser la punta del iceberg. El 11 de febrero de 2019 la entidad conservacionista Traffic alertaba de la incautación de 30 toneladas de carne de pangolín en Sabah, Malasia.

Según la UICN, en los últimos diez años la cifra de capturas anuales alcanza el millón de ejemplares. Pero hay recuentos bastante más pesimistas: un estudio reciente de la Universidad de Sussex cuantificaba en más 2,7 millones el total de pangolines cazados en un año en Camerún, la República Centroafricana, Guinea Ecuatorial, Gabón, la República Democrática del Congo y la República del Congo.

“Las especies asiáticas están prácticamente al borde de la extinción después de años de caza ilegal, en particular el pangolín malayo (Manis javanica) y el pangolín chino (Manis pentadactyla). Pero la creciente demanda de los mercados asiáticos ha puesto en el punto de mira a las poblaciones africanas, las cuales han registrado un descenso estimado de un 40% en los últimos años”, dice Suárez, quien alerta de las dificultades de proteger a estos animales pequeños, huidizos y nocturnos que llevan décadas siendo cazados por comunidades locales en Asia y África.

La situación de extrema vulnerabilidad ha llevado a las ocho especies de pangolín a recibir protección internacional. Por ejemplo, en 2012 constituyó el Grupo Especialista en Pangolines dentro de la Comisión de Supervivencia de Especies de la UICN, cuyo objetivo es concienciar a la población sobre la importancia de su preservación.

En este sentido, en 2016 se firmó un acuerdo internacional al amparo del Convenio CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) que podría poner fin definitivamente al comercio legal y proteger definitivamente a estos animales de la extinción. “El texto contemplaba transferir las ocho especies de pangolín al apéndice 1 del convenio CITES, lo que supone la prohibición total de cualquier tipo de comercio- señala Suárez-. A los países más afectados se les puede pedir que pongan en marcha planes de acción para frenar el tráfico, y a los países infractores se les pueden imponer sanciones comerciales, como la suspensión de cualquier producto incluido en el convenio (desde animales hasta madera), con el consiguiente perjuicio económico que ello conlleva”. La próxima reunión de la Conferencia de las Partes (COP), prevista en Sri Lanka en mayo de 2019, se evaluarán las medidas adoptadas.

Entidades conservacionistas como WWF trabajan activamente para proteger a los pangolines del tráfico ilegal de especies. La acción es doble: por un lado intentan disminuir la demanda de productos ilegales en los países de origen, y por otro ayudan a los gobiernos a luchar contra la caza furtiva y a crear leyes nacionales más restrictivas.

En España el tráfico de especies no nos es ajeno. WWF informa que cada año se incautan en nuestro país hasta 3.300 especímenes. Por este motivo la ONG ha lanzado la campaña “Stop tráfico de especies” para pedir apoyos en pos de una regulación que ayude a poner freno a estos crímenes medioambientales.

Litio, el oro del siglo XXI

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Fuente: National Geographic

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Un sábado a primera hora de la mañana en La Paz, Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, me recibe en la espaciosa antesala de su despacho, que da a la plaza Murillo. El político –56 años, cabello canoso y porte gallardo– es conocido en su país como un comprometido ideólogo marxista. Pero hoy va a cantar las alabanzas del capitalismo.

Y esa exposición de bondades tiene que ver con el litio. García Linera habla del recurso natural de su país combinando datos técnicos con embeleso. El litio, esencial para un mundo que funciona a base de baterías, también es la clave del futuro de Bolivia, me asegura el vicepresidente. Dentro de tan solo cuatro años, predice, constituirá «el motor de nuestra economía». Se beneficiarán todos los bolivianos, prosigue, pues «los sacará de la pobreza, garantizará su estabilidad dentro de la clase media y los formará en los ámbitos científico y tecnológico para que pasen a formar parte de la intelligentsia de la economía global».

Pero, como él bien sabe, ningún discurso en defensa del litio como salvación económica de Bolivia estaría completo sin una mención a su origen: el salar de Uyuni. Los más de 10.000 kilómetros cuadrados de esta llanura salina, uno de los paisajes más fabulosos del país, se verán casi seguro alterados –cuando no dañados irreversiblemente– al extraer el recurso que subyace bajo su superficie. Por eso me habla del salar con afán tranquilizador, casi con reverencia. «¿Ha estado usted en el salar de Uyuni?», me pregunta.

Cuando respondo que pronto partiré hacia allí, él parece embargado por la nostalgia. «Cuando llegue –me indica–, vaya una noche al centro del salar. Extienda una manta en el suelo y ponga música. Pink Floyd. Ponga Pink Floyd. Y contemple el firmamento». El vicepresidente hace un gesto con la mano para denotar que el resto será evidente.

Bolivia ve en la explotación del litio una forma de salir del callejón sin salida de su infortunio

La jornada de conducción que separa la capital más alta del mundo de la llanura salina más grande del planeta resulta ser una ruta automovilística por el país más pobre de América del Sur. Desde el centro de La Paz, embotellamiento eterno de coches y manifestaciones políticas, la carretera asciende con rapidez hasta El Alto, el bastión obrero del segundo grupo indígena más numeroso de Bolivia, los aimaras, migrantes del Altiplano andino. En las siguientes siete horas la ruta describe un descenso constante –atravesando pueblos donde, como advertencia disuasoria, cuelgan de los árboles muñecos que representan a ladrones en potencia, y la ciudad minera de Oruro– hasta que, a unos 3.650 metros de altitud, alcanza la horizontalidad en una franja de vegetación baja que está básicamente desierta, animada de vez en cuando por algunas llamas y por sus primas más menudas, las vicuñas. A última hora de la tarde, el pálido fulgor del salar se despliega al otro lado de la llanura.

Llego al salar cuando empieza a anochecer. Por espacio de kilómetro y medio conduzco sobre su superficie lisa y firme, hasta que resulta evidente que estoy en medio de la nada. Al apearme del SUV, una cuchillada de frío me obliga a concluir que no habrá mantas extendidas bajo las estrellas con Pink Floyd sonando de fondo.

Así y todo, el paisaje es alucinante: kilómetros de terreno blancuzco, absolutamente plano y dividido en formas vagamente trapezoidales, una austeridad perfeccionada por el límpido cielo azul y los picos andinos de color caoba a lo lejos. Motos y todoterrenos recorren a toda velocidad la superficie desprovista de carreteras, con destinos desconocidos. Aquí y allá, seres solitarios avanzan tambaleantes como sumidos en un estupor postapocalíptico, escrutando lo que el vicepresidente de Bolivia llama «la mesa infinita de blancura nívea».

Donde no alcanza la vista, en el borde de aquella infinitud, los buldóceres se afanan en las pozas de evaporación del salar, largas y con una geometría precisa. Tarde o temprano –nadie puede decir cuándo sin temor a equivocarse–, los buldóceres pondrán rumbo hacia aquí.

Lo que sí podemos afirmar es lo siguiente. Primero, que por debajo del salar más vasto del mundo yace otra maravilla: uno de los depósitos de litio más grandes de la Tierra, quizás el 17 % del total del planeta. Segundo, que el Gobierno de Bolivia –donde el 40 % de la población vive en la pobreza– ve en la explotación de sus reservas de litio una forma de salir del callejón sin salida de su infortunio. Y tercero, que dicha vía de escape que parte por la mitad el salar de Uyuni, en gran medida prístino, es totalmente nueva e inexplorada y a la vez (para los bolivianos, que viven en un país cuajado de proyectos mineros saqueados y ambiciones hurtadas) sospechosamente conocida.

La Bolivia de hoy sigue encadenada a su pasado. El primer presidente aimara del país, Evo Morales, que asumió el poder en 2006, se refería en su última toma de posesión a los «500 años de sufrimiento» por culpa del colonialismo español, un reinado de esclavitud y aniquilación cultural que concluyó hace casi dos siglos. La geografía y la mala gobernanza conspiraron desde entonces para frustrar la reinvención de Bolivia. Las perspectivas económicas del país sufrieron un varapalo cuando este se quedó sin salida al océano Pacífico en 1905 tras perder una guerra contra Chile. Mientras sus vecinos Brasil y Argentina crecían poco a poco en prosperidad, Bolivia soportaba décadas de golpismo militar y corrupción. Las dos grandes poblaciones indígenas, los quechuas y los aimaras, siguen todavía hoy relegadas al estatus de casta inferior por la élite dirigente de ascendencia europea.

En suma, Bolivia ha sido un país de autoestima endeble, hostilidades latentes y consenso inexistente en la visión del destino nacional. En paralelo, su historia económica es una infinita montaña rusa de auges y caídas. Aunque esto es habitual en los países que dependen de sus recursos naturales, algunos Estados latinoamericanos (como Chile) han gestionado los suyos con competencia. El Gobierno boliviano, en cambio, ha cedido en repetidas ocasiones el derecho de explotación de sus minerales a empresas extranjeras a cambio de beneficios rápidos pero fugaces. En palabras del vicepresidente: «En toda nuestra historia no hemos creado una cultura que combine nuestros activos en bruto con un pensamiento inteligente. Esto ha dado lugar a un país que es rico en recursos naturales, pero muy pobre desde el punto de vista social».

Bolivia continúa estando desdibujada en el conjunto de naciones latinoamericanas, sin que su historia destaque ni por emblemática ni por volátil. Su cameo en Dos hombres y un destino podría entenderse como una metáfora de este semianonimato. En este clásico del cine, Bolivia era el refugio final de dos estadounidenses ladrones de bancos. Convertidos por Hollywood en personajes glamurosos, los forajidos simbolizan algo mucho menos romántico en Bolivia: el saqueo implacable de sus recursos por parte de extranjeros procedentes de países mucho más ricos.

Un tren acribillado a balazos, supuestamente atracado por el dúo, es uno de los hitos turísticos de Pulacayo, que en sus tiempos fue una bulliciosa población minera. Hoy Pulacayo es un pueblo fantasma. La que fuera lujosa residencia de Moritz Hochschild, barón alemán de la minería, es en la actualidad un museo que casi nadie visita donde se exponen fotografías antiguas que dan fe de las penurias soportadas por sus obreros, muchos de ellos mujeres y niños. Una serie de documentos recién descubiertos revelan que Hochschild ayudó a cientos de judíos a escapar de la Alemania nazi y asentarse en Bolivia. Tal y como observó con mordacidad el geólogo boliviano Óscar Ballivián Chávez, «Hochschild fue el Schindler de Bolivia, solo que no para los bolivianos».

Las minas de Pulacayo fueron clausuradas por el Gobierno en 1959 y los mineros perdieron su empleo. Se daba por hecho que la muerte del pueblo sellaría el destino de Uyuni, un centro de distribución minera a 20 kilómetros de distancia. Pero un día, en la década de 1980, un turoperador paceño llamado Juan Quesada Valda se fijó en el salar mientras buscaba un destino turístico que rivalizara con el lago Titicaca.

Hasta entonces los bolivianos consideraban el salar una anomalía geográfica. Una leyenda local dice que el salar nació de la leche materna y las lágrimas saladas que el volcán Tunupa vertió al llorar por sus dos hijas raptadas. Aunque el Tunupa y otros montes circundantes son venerados por la tradición indígena, «el salar nunca tuvo significación cultural alguna –dice el alcalde de Uyuni, Patricio Mendoza–. La gente evitaba adentrarse en él, temiendo perderse y morir de sed o lesionar a sus llamas al hacerlas caminar sobre la sal».
Al contemplar el salar, Quesada experimentó una revelación, cuenta su hija Lucía: «Lagos hay en todas partes, pero una llanura salina como esta es única en el mundo. Vio que podía venderla».

Parecería evidente que un país con abundantes reservas de litio no debería temer jamás a la pobreza

Quesada procedió a construir el primero de varios hoteles compuestos casi por entero de bloques de sal en Colchani, una aldea situada en la orilla oriental del salar. Empezaron a llegar aventureros extranjeros deseosos de sumergirse en el vasto desierto blanco. Con el tiempo se convertiría en escenario de bodas, clases de yoga y carreras de alta velocidad. Hoy los hoteles de sal suelen estar completos y Uyuni se ha transformado en una población turística algo roñosa, plagada de pizzerías y rebosante de mochileros.

«El turismo debe de ser el 90 % de nuestra economía», dice Mendoza.
En otras palabras, en el largo y aciago historial boliviano de decepciones económicas, el salar constituye una excepción feliz, aunque modesta.

Pero ahora llega el futuro de Bolivia, en forma de litio.

Lo que el oro significó en épocas pretéritas y el petróleo en el siglo pasado quizá parezca una nadería al lado de lo que puede llegar a ser el litio en años venideros. Con una larga historia de uso farmacológico para tratar trastornos bipolares, y presente en artículos tan variopintos como piezas cerámicas y armas nucleares, hoy ha emergido como componente esencial de las baterías de ordenadores, teléfonos móviles y otros aparatos electrónicos.

El consumo anual de litio del mercado mundial rondó las 40.000 toneladas en 2017, un incremento anual de aproximadamente el 10% desde 2015. Al mismo tiempo, entre 2015 y el año pasado el precio del litio casi se triplicó, claro reflejo de cuán rápido ha crecido la demanda.

Es probable que esa tendencia se intensifique conforme se popularicen los coches eléctricos. Una versión del Tesla Model S lleva un pack de baterías que contiene unos 63 kilos de compuestos de litio, que equivaldrían a unos 10.000 teléfonos móviles, según Goldman Sachs. Esta firma de inversiones también predice que, cada vez que la venta de coches eléctricos reemplaza un punto porcentual del total de vehículos convencionales vendidos, la demanda de litio aumenta 70.000 toneladas al año. Dado que Francia y el Reino Unido han anunciado que prohibirán la venta de automóviles de gasolina y diésel a partir de 2040, parecería evidente que un país con abundantes reservas de litio no debería temer jamás a la pobreza.

Aunque en la actualidad se extrae litio en todos los continentes excepto la Antártida, hasta tres cuartas partes de las reservas conocidas se hallan en el Altiplano-Puna, una franja de los Andes de 1.800 kilómetros de largo. Los depósitos salinos se concentran en Chile, Argentina y Bolivia, formando el llamado Triángulo del Litio. Chile produce litio a partir de salmuera desde la década de 1980; su salar de Atacama es hoy la fuente por excelencia de este elemento en Latinoamérica. El Estado chileno ha sido el más abierto a la inversión extranjera, y su sector minero –Chile es el primer exportador de cobre del mundo– posee una dilatada experiencia. Argentina también empezó a extraer litio de salmuera a finales de los años noventa, explotando su salar del Hombre Muerto.

Las reservas de litio de Bolivia son parejas a las del superproductivo salar de Atacama chileno, pero hasta hace poco no se había explotado su potencial. «En Argentina y Chile siempre han te­nido una cultura de colaboración público-privada –dice Ballivián, uno de los primeros geólogos que en los años ochenta estudiaron el potencial minero del salar de Uyuni–. Aquí el Gobierno no quiere aceptar inversiones privadas. Hay hostilidad contra el capitalismo».

La elección de Morales entrañó un simbolismo muy potente para la población aimara indígena, pero el discurso y los actos del nuevo presidente también tuvieron el efecto de ahuyentar el capital extranjero. Morales actuó con premura para nacionalizar el sector petrolero y ha dado pasos hacia la nacionalización de algunas operaciones extractivas.

En 2008, tras dos años como cargos electos, Morales y García Linera se fijaron en las reservas de litio del salar de Uyuni, como ya habían hecho Gobiernos anteriores. «Los otros Gobiernos no produjeron nada de litio –me dijo el vicepresidente–. Lo que pretendían era reproducir punto por punto el sistema de economía extractiva colonial. El pueblo boliviano no quiere esto. Así que empezamos de cero».

Desde el comienzo el nuevo Gobierno se rigió por un principio de actuación: «¡100 % estatal!», es decir, control absoluto por parte del Estado. «Decidimos que los bolivianos vamos a ocupar el salar, inventar nuestro propio método de extracción de litio y, a continuación, colaborar con empresas extranjeras que puedan traernos un mercado global», dijo García Linera.

El eslogan del «¡100 % estatal!» llevaba un significado extra en boca de un presidente aimara. Resulta que una gran parte de la población que habita en torno al salar es aimara. Declarar que el salar se convertiría en el epicentro de la revolución económica boliviana equivalía a anunciar la llegada de empleos y el final de las penurias para la población indígena del país.

García Linera hizo una promesa audaz: el litio sería «el combustible que alimentará el mundo». Llegado el año 2030, me aseguró, la economía del país estaría a la altura de la argentina y chilena. Morales predijo, lleno de confianza, que Bolivia estaría produciendo baterías de litio en 2010 y coches eléctricos en 2015. Sus cálculos resultaron desacertados.

Como descubrirían Morales y García Linera, la extracción de litio es un proceso caro y complicado que exige grandes desembolsos de capital además de una tecnología sofisticada. Un país en vías de desarrollo como Bolivia no tenía la menor oportunidad de lograrlo en solitario. Al mismo tiempo, atraer a una empresa extranjera dispuesta a ceder el control al Estado sería tarea peliaguda para cualquier país, pero en especial para uno con tendencias nacionalizadoras.

«Como entenderá, la mayoría de los sectores industriales querrían explotar el salar –insistió García Linera–. Seguimos diciendo que no, que el salar ha de estar bajo el pleno control de técnicos bolivianos. Y esto ha generado ciertas tensiones».

Confiando de todos modos en que la promesa de las reservas ocultas bajo el salar de Uyuni aparcaría todas las dudas, el Gobierno de Morales anunció que Bolivia trabajaría con un colaborador extranjero que en 2013 estaría asistiendo al país en la producción de litio a escala industrial. Una vez más, la predicción resultó ser apresurada. Las empresas estadounidenses se desmarcaron del plan. También una importante firma coreana. Hasta 2018 Bolivia no encontró ese colaborador: ACI Systems Alemania, un grupo germano que, según lo publicado, invertirá 1.300 millones de dólares a cambio de un 49 % de participación.

El obstáculo más importante que Bolivia tiene en su camino es de naturaleza técnica. Producir litio apto para baterías a partir de salmuera pasa por separar los cloruros de sodio, potasio y magne­sio. La eliminación de este último contaminante es particularmente cara.

El salar boliviano recibe significativamente más lluvias que los de Argentina y Chile, situados a menor altitud, lo que ralentiza el proceso de evaporación. Además, sus depósitos de litio contienen más magnesio. «Si en Chile la proporción es de 5 a 1, en Uyuni es de 21 a 1. Cuatro veces la concentración chilena –dice el ingeniero químico boliviano Miguel Parra–. Para ellos el proceso es mucho más fácil. Para nosotros, la mayor complicación es separar el magnesio del litio».

Conocí a Parra una mañana en la planta piloto de producción de litio de Llipi, situada al final de una larga pista de tierra. Parra es el director de operaciones de la factoría desde poco después de iniciarse el proyecto en noviembre de 2008. Los fuertes vientos y las abundantes lluvias significaron un retraso de años hasta que los ingenieros lograron construir una conexión de 15 kilómetros entre la factoría y el salar del que se extrae el litio.

Aparte de una pequeñísima planta piloto que fabrica baterías en la población minera de Potosí, la factoría multimillonaria de Llipi, que empezó a producir litio en enero de 2013, es todo cuanto el Gobierno de Morales puede poner sobre la mesa tras diez años en pos de una prosperidad alimentada por el litio. El modesto complejo de gestión estatal cuenta con una plantilla netamente boliviana de 250 empleados, procedentes en su mayoría no de las poblaciones aimaras de la zona, sino de La Paz o de Potosí.

Víctor Ugarte, director de control de calidad, me guio en una visita de la factoría. El tour nos llevó apenas unos minutos. En primer lugar los obreros perforan la costra de sal hasta alcanzar la salmuera. A continuación la salmuera se bombea hasta una serie de pozas en las que se concentra por evaporación y se le añaden sustancias químicas que provocan la cristalización del sulfato de litio. El sulfato de litio disuelto se transporta en cisternas por la conexión hasta el tercer y último piso de la factoría. Allí el líquido se mezcla por espacio de una hora con cal traída en camiones desde Potosí. Este, me explicó Ugarte, «es el paso más difícil: de esta manera extraemos el magnesio para alcanzar el nivel de pureza que necesitamos».

Una vez eliminados los compuestos de magnesio, que conforman una pasta gris, el líquido remanente se transporta al segundo piso, donde se filtra el sulfato de calcio. Luego se añaden productos químicos al líquido enfriado para crear carbonato de litio, que se seca durante dos horas y después se embolsa en sacos blancos debidamente etiquetados. Aproximadamente el 20 % se lleva a la fábrica de baterías de Potosí, a 300 kilómetros de distancia. El resto se vende a diversas empresas. «Empezamos produciendo alrededor de dos toneladas al mes –me dijo Ugarte durante la visita–. Ahora ya sacamos cinco». (En el ínterin, afirman los jefes de la factoría, han alcanzado una producción de 30 toneladas mensuales).

Pregunté al director de control de calidad cuál era el objetivo último de producción de la factoría de Llipi. «La escala industrial –respondió–. Serán 15.000 toneladas anuales». Intenté imaginar de qué manera aquellas modestas instalaciones podrían medrar en cuestión de cinco o seis años hasta el punto de cumplir un objetivo tan ambicioso sin renunciar al 99,5 % de pureza, el estándar industrial del litio apto para baterías.

Al contemplar el panorama, vienen a la mente otras preguntas, como, por ejemplo, ¿qué pretende hacer Bolivia con las formidables escombreras grises de residuos de magnesio? El Gobierno apunta que el cloruro de magnesio puede usarse como fundente del hielo viario, pero se hace complicado creer que vaya a utilizarse en semejantes cantidades. Por otro lado, la cal es el medio más viable desde el punto de vista económico para separar el magnesio del litio. El Gobierno boliviano afirma contar con un método de tratamiento único que de algún modo reducirá el desecho de cal residual.

A la hora de fijar a cuánto ascenderá esa reducción, todo son especulaciones. Según el geólogo boliviano Juan Benavides: «El impacto ambiental en Chile y Argentina es bajo. Pero no podemos extrapolarlo, la verdad, porque el litio boliviano contiene una gran proporción de magnesio. Lo único que sabemos es que habrá que utilizar mayores cantidades de cal y que las normativas y leyes argentinas y chilenas relativas al litio son más estrictas que las bolivianas».

«Estamos muy orgullosos de las medidas preventivas que hemos tomado para reducir cualquier impacto –me dijo García Linera–. De hecho, nos han costado un buen dinero».

Con todo, es casi imposible calcular la transformación que una versión industrializada de su factoría de litio obrará sobre el salar de Uyuni. Uno de los principales temores es la cantidad de agua que se necesitará para extraer el litio. Dos ríos, el Colorado y el Grande de Lípez, desaguan en el salar. El primero no pasa de ser un arroyo; el segundo es tan somero que se cruza a pie.

Ambos son cruciales para los productores locales de quinoa, de la cual Bolivia es el segundo productor mundial después de Perú. Aunque el Gobierno boliviano insiste en que el 90% del agua que utilice será salada y no procedente de acuíferos, algunos expertos no acaban de creerse que el suministro de agua subterránea vaya a salir indemne. «Año tras año, el agua será el mayor recurso necesario –dice Ballivián–. Les hará falta en cantidades enormes, m­ayores que en ninguna otra mina de Bolivia».

Por último, no hay que olvidar la superficie del salar en sí misma, hoy todavía respetada en su mayor parte. Aunque los visitantes humanos lo veneran por su sobriedad aparentemente infinita (solo la quiebran de vez en cuando montañas tapizadas de cactus que se elevan a modo de isla), el salar es también un espacio de cría del flamenco chileno. «Nuestra factoría está muy lejos de estos santuarios –dijo García Linera, y añadió–: Esto da fe de nuestro compromiso con el medio ambiente».

Varias docenas de pozas de evaporación, algunas de ellas de un kilómetro de largo, puntean la llanura salina lejos de donde el visitante podría acampar una noche estrellada con una manta y Pink Floyd a todo volumen. Pero estas hendiduras oscuras están diseñadas para alojar lo que hoy es una mínima parte de la explotación anual que se propone alcanzar Bolivia. Además, tal y como me indicó el viceministro de Altas Tecnologías Energéticas, Luís Alberto Echazú Alvarado: «Nuestra idea es que se trata de un proyecto a largo plazo. Así que hay que mezclar salmuera pobre y rica para explotar el salar entero».

«¿De modo que el Gobierno estará siempre perforando nuevas zonas?», pregunté.
«Exacto, exacto –contestó Echazú, asintiendo con vehemencia–. Siempre».

En mi viaje hacia las poblaciones adyacentes al salar de Uyuni –Colchani, Tahua, Chiltaico, Llica–, de vez en cuando se materializaban en los muros expresiones de apoyo a Morales: «¡Evo sí!». Pero los vecinos respondían con escepticismo, a veces teñido de preocupación, cuando les preguntaba por el proyecto de extracción de litio de Morales.

Muchos aimaras de la región trabajan de saleros: recolectan sal y la venden a plantas procesadoras. Un salero llamado Hugo Flores me dijo: «El Gobierno no nos ha dado ninguna información. Ni siquiera sabemos qué es el litio, qué beneficios da, qué efectos tiene». Con más concreción, una concejala de Tahua llamada Cipriana Callpa Díaz dijo: «En este Ayuntamiento nadie está trabajando en el proyecto del litio. Pensamos que crearía empleo para nuestros vecinos, con buenos sueldos. Es una desilusión muy grande».

Cuando transmití esta sensación a Parra, el director de la factoría de Llipi se encogió de hombros, impotente, y reconoció que en el procesado del litio no hay demasiado trabajo para obreros no cualificados. «La recomendación es que los chicos vayan a la universidad y vuelvan con un título», dijo.

Quizá la expresión más vehemente de descontento fue la de Ricardo Aguirre Ticona, que preside el concejo municipal de Llica, capital de la provincia de Daniel Campos. Casi todo el salar pertenece a esa provincia.

«Entendemos que una vez que esté acabada y funcionando, la factoría será un negocio multimillonario –me dijo una tarde en su despacho–. El escepticismo es porque no sabemos si nosotros obtendremos algo de él.

Los primeros que deberían beneficiarse son los que viven donde tiene lugar la producción. […] Y no es solo cuestión de embolsarse beneficios. Aquí debería haber una facultad de ciencias químicas, o becas, para que los jóvenes puedan tener un futuro. Llevamos tres años pidiéndolo. Ahora solicitamos audiencia con el presidente. Hace mucho que no viene por aquí».

Aguirre calibró con cuidado sus siguientes palabras: «La población boliviana es paciente. Pero llegado el caso, tomará medidas para hacerse oír».

En Bolivia, esta afirmación no necesita más ex­­plicaciones. En 1946 la población decidió que se le había acabado la paciencia con el presidente Gualberto Villarroel, quien puso en marcha reformas laborales pero ordenó medidas represoras cuando los mineros aumentaron sus exigencias. Bolivianos enfurecidos saquearon el palacio de Villarroel y lo asesinaron.

Colgaron su cadáver de una farola en la plaza Murillo, contigua al palacio en el que me había visto con el vicepresidente. Pensaba en ese negro recordatorio del pasado mientras salía de Llica en el SUV y volvía a recorrer esa ensoñación incolora que es el salar, una ilusión de simplicidad que podría no tener fin, pero que en realidad sí lo tiene.

Pompeya: la alcoba de Leda y el cisne, al descubierto; y un nuevo fresco de Narciso

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La alcoba en la que el año pasado fue hallado el hermoso fresco de Leda y el cisne, lleno de colorido y sensualidad, ha reaparecido con toda su belleza originaria varios siglos después de quedar sepultada por los fragmentos piroclásticos del Vesubio: una habitación del IV estilo de Pompeya, también denominado stile fantastico en italiano, con sus delicados ornamentos florales, grifos mitológicos con cornucopias (cuernos de la abundancia), amorcillos voladores, naturalezas muertas y escenas de lucha entre animales. Además de esta alcoba refinada y sensual, las excavaciones arqueológicas en la inexplorada Región V de Pompeya han sacado a la luz una parte del atrio de esta casa lujosa ubicada en la calle del Vesubio: en una de sus paredes de vivos colores se conserva un fresco de Narciso, el joven de la mitología grecorromana que se inclinó para beber en una fuente y se enamoró de su propia imagen reflejada en el agua; quedó atrapado por ella y se consumió hasta convertirse en la flor del narciso.

“El amor y la dulzura de los sentidos, en las formas más variadas, brotan de las habitaciones de esta elegante residencia que, ya desde el pasillo de entrada, acogía a los huéspedes con la imagen vigorosa y auspiciosa de Príapo, documentada hace ya meses y comparable a aquella de la vecina Casa de los Vettii”, explica el Parque Arqueológico de Pompeya en un comunicado que ha difundido hoy. En el atrio de la domus, donde se ha descubierto el fresco de Narciso, todavía hay restos visibles de la escalera que conducía al piso superior y, en un espacio de la planta baja, utilizado como depósito, destaca el hallazgo de una docena de envases de vidrio, ocho ánforas y un embudo de bronce. Y, al lado del impluvium o estanque para recoger el agua de lluvia, se ha descubierto una sítula de bronce, un contenedor para depositar líquidos o para sacar agua de los pozos.

Parque Marino Nasca-Desventuradas

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Con el Parque Marino Nasca-Desventuradas , Chile creó la mayor reserva marina de América al proteger una zona de una superficie similar a la de Italia que dista cientos de kilómetros del litoral chileno. El parque abarca unos 297.000 kilómetros cuadrados de océano en torno a las islas de San Ambrosio y San Félix. Juntas se conocen como las Desventuradas y son parte de la dorsal de Nasca, que se extiende desde Perú hasta la isla de Pascua.

“En estas islas se practicaba la pesca a pequeña escala, sobre todo de pez espada, antes de la creación del parque”, dice Alan Friedlander, director científico del proyecto Mares Prístinos de National Geographic, destinado a proteger los últimos lugares vírgenes del océano. La declaración de la nueva zona protegida fue posible gracias a la colaboración entre Mares Prístinos y la ONG Oceana. “La pesca podrá seguir practicándose en las zonas adyacentes al área protegida”, apunta Álex Muñoz, vicepresidente de Oceana en Chile. El estudio de los ecosistemas prístinos permite conocer cómo funcionan las comunidades marinas.

Las Desventuradas se hallan en un entorno oceánico excepcional, capaz de albergar a la vez especies tropicales y de aguas templadas. Su aislamiento explica que buena parte de estas especies sean endémicas. “Chile ha sido siempre una de las mayores potencias pesqueras del mundo –dice Muñoz–. Por desgracia, ello condujo al agotamiento de nuestros recursos pesqueros. Con la creación de este parque marino, hoy nos ponemos también en primera línea en materia de conservación del océano.”

Los restos del portaaviones ‘Hornet’, a más de 5.000 metros de profundidad

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Tras la localización del buque de guerra USS Juneau, entre cuyos muertos figuran los famosos hermanos Sullivan, en marzo de 2018, la tripulación del Petrel, el buque de investigación del ya fallecido empresario Paul Allen (1953-2018), el cofundador de Microsoft, localizó a finales de enero de 2019 el USS Hornet, un portaaviones de la Armada de Estados Unidos que fue botado a finales de 1940 y que fue alcanzado por bombas, torpedos y aviones en picado japoneses hasta que se hundió el 27 de octubre de 1942 durante la Batalla de las Islas Santa Cruz (Segunda Guerra Mundial), alrededor de las Islas Salomón, en el océano Pacífico, donde hoy se encuentran sus restos a 5.400 metros de profundidad, según informó el martes en un comunicado la compañía Vulcan Inc., del difunto Paul Allen. La destrucción y hundimiento del Hornet causó la muerte de más de 100 marineros de un total de unos 2.200 tripulantes. “Con la pérdida del Hornet y los daños graves al Enterprise [también un portaaviones de la Armada de Estados Unidos], la Batalla de las Islas Santa Cruz fue una victoria japonesa, pero a un elevadísimo coste“, dice Samuel Cox, director del Naval History and Heritage Command (Estados Unidos). “Aproximadamente la mitad de los aviones japoneses implicados fue derribada por las enormemente mejoradas defensas antiaéreas de la Armada de Estados Unidos. Como resultado, los portaaviones japoneses no se volvieron a involucrar en una batalla hasta que pasaron casi dos años”, agrega.

El USS Hornet (CV-8), con capacidad para unos 90 aeronaves, incluyendo cazas, bombarderos en picado y aviones torpederos, fue la plataforma de lanzamiento para la famosa Incursión Doolittle, planeada por el teniente coronel James Doolittle (1896-1993) y llevada a cabo el 18 de abril de 1942: 16 bombarderos B-25 despegaron con la misión de bombardear Tokio y otros objetivos militares japoneses y continuar hacia el oeste para aterrizar en China (aterrizar un bombardero medio en el Hornet era imposible); cumplidas sus misiones particulares, los 16 aviones fueron abandonados en el mar, en China o en Rusia y sus tripulantes se ahogaron, fueron apresados y ejecutados o sobrevivieron, como fue el caso de James Doolittle. “Esta fue la primera operación aérea para atacar Japón y resultó ser un estímulo moral importante para los norteamericanos desde el devastador ataque a Pearl Harbor”, destaca el comunicado. En junio de 1942, el Hornet fue uno de los tres portaaviones estadounidenses que sorprendieron y hundieron cuatro portaaviones japoneses, durante la Batalla de Midway, al norte de océano Pacífico, una de las más decisivas de la Segunda Guerra Mundial. El Hornet finalmente fue hundido por los torpedos de los destructores japoneses Makigumo y Akigumo.

Suspendida la búsqueda del ‘Endurance’ de Shackleton en el mar de Weddell (Antártida)

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Fuente: National Geographic

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La Expedición del Mar de Weddell ha anunciado hoy en un comunicado que ha suspendido la búsqueda del del Endurance, el barco de tres mástiles del explorador Ernest Shackleton (1874-1922), que quedó atrapado en el hielo del mar de Weddell, en la Antártida, hasta que se hundió en noviembre de 1915. La expedición consiguió llegar al lugar del naufragio a comienzos de esta semana, al mismo lugar al que accedió Frank Worsley (1872-1943), el capitán del Endurance, hace 104 años, pero las condiciones meteorológicas extremas han obstaculizado la búsqueda a lo largo de la semana. “El tiempo se encerró y las condiciones del hielo marino se deterioraron, ocasionando la pérdida del AUV7, uno de los avanzados vehículos subacuáticos autónomos, que estaba siendo utilizado para localizar el naufragio”, revela la Expedición del Mar de Weddell. La pérdida del robot submarino y el aprisionamiento en el hielo del buque científico S.A. Agulhas II han motivado el abandono de la actual búsqueda del Endurance, al menos “por ahora“.

El robot submarino AUV7 se acercaba al final de su importante operación bajo el hielo, cuando penetró en una sección del mar bajo una enorme banquisa y acabó perdiendo el contacto con el S.A. Agulhas II. La Expedición del Mar de Weddell comenta lo siguiente con un halo de misterio: “El AUV7 efectuó lo que se cree que es el más largo y profundo estudio bajo el hielo jamás realizado, de más de 30 horas de duración. No se sabe si el AUV7 capturó imágenes del Endurance en el lecho marino antes de que se perdiera el contacto“. Mensun Bound, el director de exploración ha expresado lo siguiente: “Como equipo estamos claramente decepcionados de no haber tenido éxito en nuestra misión de búsqueda del Endurance. Como Shackleton antes que nosotros, quien describió el cementerio del Endurance como ‘la peor porción del peor mar del mundo‘, nuestros planes bien dirigidos se vieron superados por el rápido movimiento del hielo y por lo que Shackleton denominó ‘las malvadas condiciones del mar de Weddell‘”. Y ha añadido: “Rendimos homenaje a los conocimientos de navegación de Frank Worsley, el capitán del Endurance, cuyos detallados registros fueron inestimables en nuestra búsqueda de la zona en que se perdió”.



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